
Por Facundo Arena.
De cuando en cuando suelen contratarme para meterme durante una semana en una empresa, y enseñarle a un grupo de empleados a dominar el sistema operativo Linux. Generalmente se trata de medianas empresas, que están en pleno proceso migratorio (sea por causas económicas, o simplemente de actualización tecnológica) y los empleados requieren una capacitación intensiva para que en poco tiempo, puedan comenzar a operar el nuevo sistema operativo sin mayores inconvenientes.
Hace algunas meses, me tocó hacer eso en una compañía mediana en el interior del país. Me llamaron por teléfono, concretamos el servicio y me dispuse a armar mi mochila para viajar y dar mis clases de Linux, como siempre. Cuando llego a mi destino, bajo del avión y me dirijo directamente hasta la dirección de la compañía, para conocer a mis nuevos alumnos. Yo llego con la mejor de mis ondas, dispuesto a pasar una buena semana junto a ellos, pero yo notaba que ellos no tenían tanto entusiasmo conmigo. “Mmm… que raro” me dije a mi mismo, salude a cada uno, tomamos algo y me fui a mi hotel para descansar. Al otro día, comenzó el desafío.
lee más de "Una linda historia de Evangelización"